Con la tecnología de Blogger.
Translate
Datos personales
- Psic. Laura Fernández Torrisi
- Naucalpan, Estado de México, Mexico
- ♆ Dirigido a público en general, con temas seleccionados para el bienestar de la salud emocional, el desarrollo humano y la familia. También a la comunidad de mujeres con ENDOMETRIOSIS.Quisiera aportar, por este medio y contando con mi preparación académica, así como con mi experiencia de vida, y laboral, algo que pudiera ayudar a mejorar la calidad de vida de quien lo lea. Servir de orientación para quien desée realizar cambios positivos, o para buscar el apoyo adecuado en el momento que se requiera. PARA TODA PERSONA INTERESADA EN SU CRECIMIENTO PERSONAL.
Seguidores
Archivo del blog
-
►
2014
(12)
- ► septiembre (1)
Buscar este blog
jueves, 11 de julio de 2013
¿EL ENEMIGO ESTÁ AFUERA?... Por: Laura Fernández Torrisi
Hay personas tan ilusas que se casan para ser felices,
y hay otras aún más ilusas
que se separan para ser felices…
Probablemente una de las cosas más difíciles es aceptar la revelación o el conocimiento en cuanto a descubrir quienes somos nosotros y quien es quien en nuestras relaciones personales. Tal vez por un tiempo estuvimos o todavía estamos en alguna relación destructiva, si es así, puede ser que ahora se nos de la posibilidad de ver con claridad y sin dudas el problema para centrarnos en la solución, ya sea hablando, acordando o en casos más difíciles y si así lo amerita, separándonos.
Pero antes de tomar una decisión drástica es necesario entender que todo empieza por nosotros mismos. Cuando no tenemos mucha conciencia de nuestras acciones y relaciones nos es difícil identificar cuáles nos hacen o nos hicieron daño. Puede ser que hayamos sido muy condescendientes con quienes nos causaron esos daños o abusaban de nosotros. Si ya somos capaces de darnos cuenta de estas situaciones, sabemos que ya no lo podemos permitir.
Al tomar conciencia todo nuestro cuerpo se pone en alerta. Podemos tener sensaciones diversas ante este proceso, tal vez nos duela alguna parte del cuerpo, podamos sentir mareos o sentir que nuestra energía disminuye o está muy baja.
Las circunstancias pueden lastimarnos o sentimos que todo se pone de cabeza, como si el mundo estuviera en contra y nuestra vida se vuelve un caos. Sentimos también que todos nuestros proyectos se paralizan y en general una gran dificultad para avanzar. Es como si todos nuestros esfuerzos fueran totalmente en vano. Todo esto es una manifestación para avisarnos, de una forma un tanto escandalosa que estamos tomando un camino que no es conveniente seguir, que no es el deseado o el bueno para nosotros. De seguirlo, el daño que ahora ya es importante, se volverá mayor todavía.
Y aunque estemos experimentando la peor inmovilidad, aún sin parecerlo estamos ante uno de los momentos con más movimiento. Dentro de la inmovilidad, se están creando cambios fuertes, intensos. Es un vacío fértil, no estamos estancados.
Es parte del proceso de comenzar a transitar por el camino que nos pertenece, el nuestro, el deseado. Tal vez este camino no se reconoce a simple vista, pero es necesario andarlo, marcar nuestro propio ritmo y seguirnos a nosotros mismos, a nuestro corazón y a nuestros más altos ideales.
Ahora es momento de transitar nuestro camino sintiéndonos libres. Respirar, tomar de la vida lo que tiene para ofrecernos. Darnos el tiempo para discernir que queremos llevar con nosotros y qué queremos dejar. Ir por él sueltos, rompiendo cadenas, liberando las cargas, el abuso, el dolor.
Podríamos decir que se nos cae la venda de los ojos. Por eso empezamos a experimentar un caos y el propósito esencial será restaurar la relación con nosotros mismos. Al mismo tiempo, al igual que un espejo, estaremos restaurando nuestra relación con el entorno.
Como es adentro es afuera. Lo importante es llegar a lo más profundo de nosotros.
Menciona Jorge Bucay tres preguntas que él llama “existenciales”
· ¿Quién soy?
· ¿Hacia dónde voy?
· ¿Con quién quiero ir?
Tal vez sea este un buen momento para contestarlas, siempre deben ir en ese orden.
Tal vez estés en este momento en el lugar correcto, haciendo lo que te gusta, lo bueno para ti y aún así puedes experimentar un estado de vacío o la parálisis de tus proyectos, tal vez solo falte afinar pequeños detalles. Todo está en restablecer esa mirada hacia tí mismo, para conectarte nuevamente con tu esencia y así poder construir tus relaciones con las demás personas.
Al finalizar este proceso de mirar y mirarnos, de convertirnos en observador y observado, nos podemos dar cuenta que el espejo cambia; reflejará escenas, e imágenes diferentes, será más fácil ver en otras personas belleza, dones, rasgos positivos, que están en nosotros mismos. Podremos hacer de las diferencias un buen complemento en lugar de juzgar o criticar o ver en lo demás todo lo que no nos gusta (de nosotros). De esta manera, estamos creando mejores relaciones interpersonales, mejor relación con el entorno en general y a la vez dar lo mejor de nosotros mismos. Integrando diferencias y afinidades, en un perfecto engarce que nos permite aprender, crecer y desarrollarnos.
Sobre todo en la relación de pareja, siempre hay que tener en cuenta que en ella nos reflejamos nosotros mismos. Todos los defectos que vemos en nuestra pareja, los que nos molestan tanto, solo son reflejos de nuestros propios defectos, difíciles de detectar en nosotros mismos y muy fácil de verlos afuera.
Todo lo que nos molesta y todo lo que criticamos, de una u otra manera lo manifestamos también en nuestra vida, lo hacemos conciente o inconcientemente, la mayoría de las veces, lo negamos. Tal vez de otra forma, o en otras áreas, o con otras personas, pero reproducimos lo mismo de lo que nos quejamos.
Si no lo reconocemos, habrá un rompimiento porque todo lo que un día nos unió a esa persona, es exactamente lo mismo que hoy nos separa…
Por esta razón, antes de pensar en cambiar a nuestra pareja, debemos pensar en cambiar nosotros mismos.
Esta es la llave (y no es mágica) que abre y activa automáticamente la transformación de nuestra pareja. De esta forma, si cambiamos nuestra mirada hacia el interior, si observamos el espejo dejando atrás juicios, críticas, desacuerdos; estamos motivandos el cambio desde el amor, el compromiso, el respeto, la responsabilidad, la tolerancia. Continuamente estamos proyectando nuestras debilidades en el otro. Tendemos a ver siempre las fallas y las culpas en el otro. Lo convertimos en "el peor enemigo".
A modo de conclusión tal vez esta sea una mala noticia:
el enemigo no suele estar afuera…
Escrito por: Laura Fernández Torrisi
Etiquetas:PAREJA,PSICOTERAPIA | 2
comentarios
martes, 2 de julio de 2013
LUZ Y SOMBRA… EL MISMO CAMINO… Por: Laura Fernández Torrisi
En nuestra vida nos gustaría desenvolvernos con total libertad, con la mente clara y abierta, tomando las oportunidades, fluir con la vida sin la menor resistencia, como si se tratara de una gran recompensa, con armonía, felicidad, alegría y plenitud. Pero nos limitamos y eso hace que no podamos tocar el sueño dorado tan plenamente como desearíamos.
Es posible experimentar mayores niveles de realización, sin embargo, no es algo fácil ni surge sólo o de la nada, tampoco de forma casual. Tenemos que desear hacerlo, construirlo, permitir que brille la luz interior y soltar obstáculos. Permitirnos ver nuestra luz, así como las partes oscuras. VER claramente para reconocer y disolver la mentira y la ilusión en que estamos viviendo. Esto no es un juego, ni una cuestión de magia que se logra así, sin más. Implica principalmente tener el valor suficiente para ver de forma extensa, amplia lo que queremos cambiar.
Es necesario convertirnos en ese observador que por medio de vivir la experiencia, descubra todo aquello que se puede transformar, lograr más que una visión: claridad.
Claridad para mirar el “como” estamos haciendo las cosas, los errores que estamos cometiendo, así como poder aquilatar el aprendizaje de todo lo que hemos hecho bien y ha funcionado en nuestra vida.
El proceso puede ser difícil, duro, nos obliga a enfrentar periodos de dolor, tristeza, soledad, desilusión; enojo y frustración por el tiempo y la energía dedicada a ciertas situaciones o personas, por nuestro desgaste, por todo lo que hemos permitido y por la falta de visión (o ceguera) que nos acompañó por tanto tiempo.
No todos se atreven a vivir y afrontar estos procesos, se necesita valentía para experimentarlo. Estamos habituados a vivir en una zona confortable, bajo una nube de ensoñación, fuera de la realidad, creyendo que vivimos “la vida perfecta”.
Poner los pies sobre la tierra nos enfrenta a tomar decisiones, con la finalidad de recimentar, construir nuevas bases, cerrar unas puertas, abrir otras, limpiar, tirar, restaurar y todo... sin detenernos ni detener el devenir de nuestra vida. Hacer esto cuesta, cansa, a veces enoja o desanima, entristece y aún con todo esto… seguir caminando, a veces sin tener un rumbo totalmente definido, pero ir trazando la ruta, el mapa.
Mientras de un lado vemos la destrucción y el caos, por el otro vemos la luz de lo nuevo... todo de manera paralela, todo en el mismo tiempo y en el mismo espacio... un gran desafío. No hay orden sin que se produzca primero un caos… cuando esto sucede, hay conflictos, internamente ya hicimos una elección (y la sabemos) y el escenario que observamos no es más que su manifestación, su movimiento; pero en lo externo, nos sentimos confundidos e indecisos. Hay que acomodar las piezas, o pegarlas o restructurarlas, armar otra forma con lo que tenemos.
¿Es este un proceso que permite cambiar? …
Dice la Teoría Paradóigica del cambio, desde la Gestalt que el cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es. El cambio no tiene lugar por el intento coactivo realizado por el individuo para cambiar o por otra persona para cambiarlo, pero sí tiene lugar cuando la persona invierte tiempo y esfuerzo en ser lo que es -en entregarse plenamente a su situación actual-. Al rechazar la posibilidad de poder cambiar, favorecemos un cambio significativo y metódico. Duradero.
Soltar no tiene que ver con pasar por un túnel y aparecer mágicamente del otro lado. Tiene que ver con atravesar conscientemente, vivirlo, sentirlo y experimentarlo en toda su extensión. Conscientes de lo que dejamos y lo que queremos construir.
Cuando la luz es tenue, la visión es poca, pero cuando la luz es grande y fuerte ¡vemos todo!... Hay claridad… así es esto, mientras más luz generamos en nosotros, más claramente veremos nuestra realidad y las zonas que queremos y necesitamos transformar, así que si el caos es parte nuestra en ese momento, de pronto, nos sentiremos abrumados por la larga lista de cosas a modificar. Pensando y creyendo que nunca acabaremos, que no será posible lograrlo.
Parte del camino de crecimiento es liberar sufrimiento causado por nuestros pensamientos internos, sobre todo, por las culpas que surgen al elegir nuestros nuevos caminos, las culpas por lo que dejamos atrás, por expresar lo que sentimos y pensamos, las culpas que nuestro entorno (familia, amigos o conocidos) nos impone cuando intentamos buscar nuestra independencia, autonomía o libertad.
El construir lo nuevo implica avanzar libres, soltando lo que nos ata a la vieja energía, a los viejos patrones, a las viejas creencias y maneras de hacer las cosas. Avanzar sin culpas, pero también sin miedo. Elegir conscientemente el territorio que queremos pisar, la ruta que queremos seguir, el camino que se antoja andar y las experiencias que queremos vivir. Conociendo también el arte de comunicar y expresar para lograr la libertad que deseamos compartiendo clara y directamente, con honestidad, autoridad y verdad, creando juicios, en base a nuestra claridad de pensamiento y visión, nuestras necesidades y límites.
Este proceso exige una mirada más profunda. Es difícil tomar consejos, la voz más importante, será la de nuestro corazón, la de la intuición, no tenemos que elegir entre caminos positivos o negativos, no hay buenos ni malos, solo hay una diversidad de caminos, diferentes para cada situación y persona, las preguntas serían ¿cuál es tu camino? ¿qué camino es congruente contigo y tu presente? ¿cuántos caminos puedes compartir con otras personas y cuántos tienes que caminarlos tú sólo? ¿cuáles te hacen crecer y cuáles te detienen o te quitan energía? ¿a dónde quieres llegar?
Todo esto para conocernos a profundidad, resolver el presente y así seguir construyendo hacia adelante. Formar nuevas alas que puedan volar en plena libertad, sin culpas, reconociendo perfectamente el camino que seguimos, y quienes nos acompañarán en él, no quedar anclados en lo viejo. No podemos pretender llevarnos a un nuevo espacio las viejas cargas.
Se necesita estar tranquilo, confiado en que solo son ajustes se necestan hacer y si bien, esto no es nada divertido ni fácil, tal vez en poco tiempo, se podrá vivir lo liberador de todo este proceso. Caminar por dos veredas, la de la luz y la de la sombra, en un solo camino, con una amplia visión, sabiendo que puedes transitar por ambas a la vez.
Por: Laura Fernández Torrisi
Etiquetas:PSICOTERAPIA | 0
comentarios
lunes, 1 de julio de 2013
EL PUENTE – Por: Laura Fernández Torrisi
Hay momentos en los que nos sentimos como si estuviéramos parados en medio de un puente. En ese punto donde no hay regreso ni podemos avanzar. Estamos detenidos ahí, sujetos por el miedo a decidir, por el miedo a lo que podría pasar. Somos presos de nuestros pensamientos catastróficos, de la imaginación y de un tiempo y un lugar que no existe, el futuro incierto.
Es ese punto donde de un lado se queda lo conocido, confortable, lo que debemos dejar para crecer, para seguir adelante, y en el otro extremo hay algo nuevo, algo que no conocemos… A lo mejor una meta, un sueño, un deseo… Pero lo que sea, es desconocido.
Quisiéramos que nuestra vida cambie pero casi sin nuestra intervención, como por arte de magia. Quisiéramos a demás que este cambio se diera de manera segura, tangible, previsible, sin tanto riesgo y con poca responsabilidad de nuestra parte. Nos gustaría llegar a lo nuevo, sin tener que elegir (elegir implica perder). Tener una visión panorámica, de lo nuevo para entonces saber si es bueno o no, tener la certeza del resultado antes de elegir. No queremos correr riesgos.
Queremos también que otros decidan por nosotros asumiendo la responsabilidad de nuestra vida, arrogándose ese derecho y esa obligación.
Hay también quien suele recurrir a todo tipo de adivinaciones, cartas, horóscopos, oráculos… Buscando la respuesta, la señal inequívoca, infalible para “evitar” el tropiezo o la caída, en lugar de escuchar su voz interior, su inagotable sabiduría. Sin buscar en los caminos de ese mapa que es la experiencia vivida.
Estamos en un momento donde la sociedad exige perfección, todo debe salir bien, verse bien. “No hay nada” que una cirugía estética, un cambio de look, la ropa de buena marca, el coche último modelo o los viajes no puedan “solucionar”. Todo tiene que salir bien, y repetimos experiencias anteriores “tal cual” para que no haya errores. Mismo viaje, mismo camino, mismo acompañante… todo igual… y aún así, será diferente esta vez…
Tenemos libre albedrío, poder de decisión y decidimos no decidir. Nos quedamos parados en medio del puente. Pero no nos quedamos solos, estamos rodeados de temores, nos acompaña el miedo.
- Miedo a perder cariño, cercanía, aceptación, al cambio, a la opinión de los otros, a su reacción.
- Miedo a perder el control
- Miedo a perder la ilusión, a que se acabe el sueño, a que la fantasía se haga realidad.
- Miedo a no ser suficiente, a no ser “tan bueno” como los demás o a no cumplir las expectativas de otros.
- Miedo a la exigencia del medio o nuestra auto exigencia.
El miedo no se suelta, se afronta, se atraviesa. Solo nosotros podemos avanzar en ese puente movedizo y aún con el viento en contra, ese viento que nos pega en la cara, se burla de nosotros, nos empuja hacia atrás a cada paso que damos y aún así seguir adelante. Al principio, alguien puede guiarnos, o extendernos una mano al final… Pero la decisión de atravesar y cómo hacerlo es nuestra, nadie puede decirnos como ni mucho menos hacerlo por nosotros.
Solo quien está ahí parado puede avanzar hacia adelante venciendo el viento, los resbalones, los tropiezos y caídas para llegar al otro lado. Es un trabajo individual.
Tenemos que aprender a caminar solos en algunos tramos, a desapegarnos, a soltar lo que ya no nos aporta nada. Soltar por el hecho en sí y no porque tengamos una mejor oportunidad o algo que reemplace lo viejo. Es suficiente razón ya no poder sostener una situación y no querer seguir atados a ella.
Tenemos que aprender a crear nuestros propios caminos sobre la marcha PORQUE ASÍ LOS ESTAMOS CREANDO, por eso no podemos tener una visión futura, panorámica antes. Cada decisión y elección va cambiando el rumbo y aún así, hay quien no toma el riesgo porque teme al fracaso ¿Cómo se puede fracasar cuando se tienen tantas posibilidades de rectificar y cambiar nuestros camino en cualquier momento?. Nuestro aprendizaje tiene que ver con la confianza y la fe de que al final del puente, siempre habrá algo nuevo esperando por nosotros y ese algo que no conocemos y tal vez no sea lo que esperamos será para nuestro bien superior.
Según la Ley del Desapego (D. Chopra), la búsqueda de la seguridad y de la certidumbre no es más que un apego a lo conocido y lo conocido no es más que la cárcel del condicionamiento pasado. La incertidumbre, el vacío, es el terreno fértil de la creatividad y la libertad, es adentrarse en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre frescas, siempre nuevas, siempre abiertas a las nuevas manifestaciones. Sin incertidumbre y sin lo desconocido, la vida no sería más que la repetición trillada de recuerdos gastados. Nos volvemos víctimas del pasado, y nuestro verdugo de hoy es el yo que nos queda en el ayer.
Desconozco el autor de este breve texto que guardé hace algún tiempo y dice:
Reír es correr el riesgo de parecer tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.
Acercarse a otro ser es arriesgarse a comprometerse.
Mostrar emoción es arriesgar que se te conozca.
Someter a la gente tus ideas y sueños, es ponerlos en riesgo.
Amar es correr el riesgo de no ser correspondido.
Vivir es arriesgarse a morir.
En toda esperanza hay el riesgo del desespero.
En todo intento, el riesgo de fracasar.
Pero los riesgos se han de tomar,
porque el mayor peligro en esta vida
es no arriesgar nada.
Porque el que nada arriesga,
nada hace...nada tiene...nada es.
Tal vez pueda ahorrar el sufrimiento y dolor,
pero a fin de cuentas, no puede aprender,
ni sentir, ni cambiar, ni crecer, ni amar, ni vivir.
Encadenado por las certidumbres será un esclavo,
sacrificará el ser libre.
Sólo arriesgando se consagra la libertad.
Por eso vive hoy, atraviesa el viento, siéntelo en tu cara, disfruta del camino que estás creando, de la aventura que la vida te ofrece, de la libertad de elección, de poder apartarte de lo que ya no te puede hacer crecer, sin tener que esperar a que algo lo reemplace, ni a que alguien te de la oportunidad que tú y solo tú puedes crearte a ti mismo corriendo el riesgo, en el aquí y el ahora creando tu propio puente SOBRE LA MARCHA.
Laura Fernández Torrisi
Etiquetas:PSICOTERAPIA | 4
comentarios
viernes, 10 de mayo de 2013
VACIÁNDONOS DE NOSOTROS MISMOS - Por: JORGE BUCAY
Chuang Tzú fue uno de los filósofos chinos más importantes de la historia, vivió alrededor del 300 antes de Cristo y fue, junto con Lao Tsé (su maestro), uno de los dos pensadores más emblemáticos del taoísmo.
Propone el maestro Chuang Tzú:
Imagínate que viajas en un bote, avanzando tranquilamente por un río sereno, dejándote llevar sin prisa camino de un lago.
De pronto ves que otro bote, aparentemente arrastrado por la suave corriente, se acerca al tuyo. Intentas alejarte de él para evitar el choque pero no lo consigues, y el bote , que se ha soltado de alguna amarra, golpea el frente de tu barca y hace unos buenos rasponazos en la brillante pintura de estribor.
Vuelves a mirar, no hay nadie en ese bote. Tratas de sujetarlo para que no siga a la deriva. No te gusta el incidente, quizás lo lamentas, pero no te enojas.
Dice Chuang Tzú: ¿Por qué y con quién habrías de enojarte?
Ahora supón que, en la misma situación, ese otro bote lleva a un pasajero. Está distraído, dormido o despistado, y su embarcación se acerca a la tuya, arrastrada por la corriente. En cuanto lo ves venir en tu dirección, te pones alerta, posiblemente gritas “¡Cuidado!” o algo por el estilo.
Supongamos que el hombre no hace nada y que el bote se sigue acercando. Cuando está a punto de chocar con el tuyo, te pones furioso y gritas: “Eh! mira por donde vas! Que vamos a chocar!”
Una vez más, el hombre no reacciona y, en efecto, su bote choca con el tuyo.
El golpe y el daño es idéntico que en el primer ejemplo, sin embargo, aquí sí que te enfadas, quizás hasta le insultes: “¿Es usted idiota? ¡Se me ha echado encima!. De pronto el suceso se vuelve enojoso y frustrante.
Chuang Tzú se pregunta: ¿De dónde viene el malestar? No ha sido causado por el daño al bote, ya que el primer ejemplo hubo los mismos daños y no hubo enfado. Tu enojo, propone Chuang Tzú, proviene del hecho de que hay alguien en ese otro bote. No puedes ya pensar “simplemente sucedió” y aceptarlo sin más. Como hay alguien en el otro bote, te llenas de preguntas: ¿Por qué no lo evitó?, ¿Acaso lo ha hecho adrede? ¿Es que tiene algo contra mí? ¿Debo tener miedo de ese hombre? …. Una espiral de preguntas que a veces crece y crece, generando cada vez más angustia, más enfado, más inquietud, más catastróficas profecías, haciéndote perder tu calma y paz interior.
Intentar mejorar nuestra vida cambiando a los demás es siempre un camino infructuoso. Siguiendo con la imagen anterior, los botes de los demás vienen como vienen y no hay modo ni motivo para proponernos modificarlos a nuestro antojo. Sería estúpido llegar a la conclusión que la forma de viajar sin riesgo de enfadarse es “vaciando los botes de los demás”.
Lo que sí puedes hacer, dice Chuang Tzú, es comprender las veces que te enfadas contigo mismo porque las cosas no salen como lo planeaste o deseaste y entonces decidirte a “vaciar TU propio bote”. Si tu bote está vacío, no habrá enfrentamiento entre una parte de ti más exigente y perfeccionista y otra más serena o distraída. Y sin enfadarte contigo surcarás la vida como la superficie de un río plácido, sin que nadie lo note, sin prisas ni metas prefijadas.
Te imagino pensando: “Suena fantástico, pero… ¿de qué se supone que tengo que vaciarme?”.
La propuesta es deshacernos de todo aquello que consideramos que somos, comenzando por nuestro YO más interno y controlador, la parte de nosotros que quiere tener el manejo de nuestra vida, nuestro rumbo y nuestros deseos. Ese juez severo que nos tortura y nos deja en ridículo cuando le apetece.Hablo sencillamente de aquella persona a la que nos referimos cada vez que decimos “Yo”, nuestro Ego.
El Ego (como se suele llamarlo) es una posesión, nuestra identidad, un vínculo con nosotros mismos, una relación anquilosada y condicionante. Deshacernos de las ideas rígidas que tenemos acerca de cómo “somos” es un importantísimo escalón en busca de nuestra esencia, una esencia que se esconde tras capas y capas de personajes, hábitos, creencias y prejuicios.
Todos nacemos necesitados de amor, de atención y de cuidados; todos nos damos cuenta, en los primeros años de vida, de que conseguimos mejores resultados si somos de una determinada manera. Nos miman más y algunas cosas nos resultan más fáciles de conseguir si nos comportamos como a los demás les gusta que lo hagamos.
Con el tiempo, comprobamos que esta verdad se confirma a cada paso, pero también conlleva un problema:las personas que nos premian, no nos quieren a nosotros sino al personaje que hemos creado para ellas quizá antes de conocerlas.
Esa idea de nosotros con la que vamos de aquí para allá, presentándonos frente a los otros, es básicamente una ilusión construida por cada uno de nosotros con mucha o poca ayuda de nuestro entorno social o familiar, que tan neuróticamente tratamos de complacer. No es fácil darse cuenta y enfrentarse con esta “realidad”, como podrás imaginar, es una vivencia tan perturbadora como transcendente.
Para ser quienes somos el primer desafío es animarse a dejar de lado todos esos roles que hemos ido adoptando a lo largo de nuestra vida, en el plano espiritual, esos roles son como sofisticados ropajes que nos pesan y no nos permiten avanzar. El segundo desafío es vaciarse totalmente de lo que me impida ser en cada momento una persona libre, absolutamente espontánea y dueña de una conducta NO CONDICIONADA por la cárcel de sus propias definiciones de sí mismo.
Esto puede sonar al principio un poco extraño. ¿Cómo puedo vaciarme de mi mismo? ¿No es acaso imposible dejar de ser quien uno es? Si me deshago de mi Yo, ¿qué me quedará?
Todas estas preguntas son válidas, pero siempre que no nos hagan perder el rumbo si no nos damos cuenta de que están formuladas desde el mismo Yo que cuestionamos. Volviéndo a la historia de Chuang Tzú, esas preguntas las realiza el hombre de nuestro bote, que es en esta historia lo que representa al Ego, es parte de su intento por recuperar un poder (sobre nuestra esencia, sobre lo que realmente somos) que siente que pierde.
Si nuestro bote estuviera vacío, la esencia de lo que somos permanecería allí, porque en esta historia la esencia es el bote mismo, un bote que no hace esas preguntas. SI CONSIGO SER EL BOTE, simplemente me dejo llevar y disfruto plácidamente del viaje.
LIBRO: El Camino de la Espiritualidad.
AUTOR: Jorge Bucay.
Etiquetas:PSICOTERAPIA | 1 comentarios
martes, 11 de diciembre de 2012
COLORÍN COLORADO... ESTE CUENTO HA CAMBIADO... Por: Laura Fernández Torrisi
Yo no soy quien quisiera ser.
No soy el que debería ser.
No soy el que mi mamá quería que fuese.
Ni siquiera soy el que fui.
YO SOY QUIEN SOY.
Tú no eres quien yo necesito que seas.
Tú no eres el que fuiste.
Tú no eres como a mí me conviene.
Tú no eres como yo quiero.
TÚ ERES COMO ERES.
(Jorge Bucay)
¿Por qué es importante hablar de creencias?
Porque nuestras creencias rigen nuestra manera de sentir, pensar, actuar y reaccionar; o nos bloquean para no actuar. Son las que nos llevan a movernos en nuestra vida de una determinada forma.
Porque nuestras creencias rigen nuestra manera de sentir, pensar, actuar y reaccionar; o nos bloquean para no actuar. Son las que nos llevan a movernos en nuestra vida de una determinada forma.
Nuestras creencias son generalizaciones, unen experiencias, valores, estados internos y expectativas; construyen la fábrica de nuestra realidad.
Una creencia es una idea que tenemos, pensamos y sentimos verdadera. Son experiencias internas, ocurren tanto en nuestras mentes como en nuestros cuerpos.
Las creencias pueden ser potenciadoras o limitantes:
Las primeras son aquellas que potencian nuestras capacidades y nuestra estima personal, y nos hacen sentir bien; las segundas son aquellas que limitan nuestro potencial y son un obstáculo para alcanzar nuestras metas.
Por ejemplo, una creencia potenciadora es “conseguir un trabajo es fácil” y una creencia limitante es “en este país no hay trabajos suficientes”. El resultado de creernos una cosa o la otra es muy diferente. En el primer caso, disfrutaremos con seguridad de un trabajo satisfactorio y bien remunerado; en el segundo, o no lo tendremos o si lo encontramos acabaremos renunciando o estaremos a disgusto con él. Es así como nuestra realidad se va a ajustar SIEMPRE a lo que creemos...
Podemos decir también para explicar esto, que tenemos dos mentes: la mente consciente y la mente subconsciente. Entre otras funciones, nuestra mente consciente es la que controla el pensamiento racional y lógico, se encarga de analizar, juzgar y decidir. Por su parte, la mente subconsciente es la encargada entre otras muchas cosas de guardar la información: vendría a ser como un archivo gigante donde están guardados los recuerdos de nuestras experiencias y todo nuestro sistema de creencias.
Todos los seres humanos, desde pequeños, vamos formando nuestro autoconcepto, o el concepto que tenemos de nosotros mismos, la opinión que tenemos de nosotros y la historia que nos contamos de nuestra vida. La forma en la que nos vemos y en la que nos contamos nuestra historia determina nuestro vivir, así como el éxito o fracaso de lo que emprendemos y de las relaciones que tenemos con los otros.
Para formar el autoconcepto intervienen desde que el niño nace (algunos autores opinan que desde antes) los padres o las figuras significativas que se encarguen de la crianza.
El niño nace “en blanco” sin lenguaje, sin ideas, sin conocimiento del mundo. Los padres son los encargados de mostrarle cómo es ese mundo y de enseñarle. El niño se ve en ese espejo que son sus padres, si mamá sonríe ante un gesto del bebé, éste se siente contento y si mamá se enoja o hace un gesto de molestia lo percibirá y su sensación será de desagrado. Desde ahí, el niño aprende que hay cosas que hace que agradan a sus padres y otras que no. Tal vez aprenda a hacer las cosas en las que sienta la aprobación, el contento.
Así se va creando un marco de referencia de lo que “está bien y lo que está mal”. Con el concepto de sí mismo ocurre igual, el niño percibe, ve y escucha todo el lenguaje, tanto verbal como analógico (no verbal). Y va sintiendo, escuchando, percibiendo ese lenguaje, esas palabras, lo va interiorizando, haciendo lo propio. Agrada o no agrada. Es bonito o feo; “bien portado” o niño malo; egoísta, tonto o lo mejor que hay en el universo. El concepto que va formando de su persona, empieza por lo que los demás, en especial los padres, dicen que es. Creencias como: no sirvo, no valgo, no merezco… son las que están presentes en todos los aspectos de nuestra vida. Frases escuchadas por los niños como: No sirves para nada; aprende de tu hermano; tú eres el hombre de la casa; cuida a tus hermanos; tu papá me hizo...; tu mamá es una mentirosa.... etc etc.
Así crecemos y vamos por la vida con la creencia de que somos esa persona que los demás dicen que somos. Muchas veces esto no es así y empezamos a darnos cuenta que hay incongruencia entre lo que los demás ven y lo que yo soy.
La mayoría de las creencias se forman en la infancia, de lo que se ve,
se oye y se experimenta entre los 0 y los 6 años.
Resulta, así, evidente que la mayoría de creencias que tenemos ¡no son nuestras! Son los "programas" que, casi siempre con la mejor intención, grabaron educadores (padres, profesores, amigos, etc.) cuando éramos niños y no teníamos todavía capacidad de razonar.
La mente subconsciente (que funciona por hábitos, por repetición automática) va siempre un paso por delante de nosotros, de nuestra mente consciente.
Está claro que cuando dejamos de “estar presentes”, de activar nuestra mente consciente creativa, dejamos entonces de ser nosotros mismos porque pasamos a expresar la programación que hay en nuestro subconsciente, es decir, nos comportamos con la base de unas creencias que no son las nuestras...
Creencias y autoestima están directamente ligadas, y tendremos una autoestima más o menos sana, según sean nuestras creencias. Con la edad comienza la responsabilidad de asumir nuestros sentimientos y emociones básicas. Incluso en la pareja, cuando hay una pelea, podemos observar a dos NIÑOS HERIDOS peleando.
Según la definición de Nathaniel Branden, la autoestima es la disposición a considerarse competente para hacer frente a los desafíos básicos de la vida y sentirse merecedor de la felicidad.
La autoestima tiene dos componentes esenciales relacionados entre sí: uno es la sensación de confianza frente a los desafíos de la vida: EFICACIA PERSONAL y el otro es la sensación de considerarse merecedor de la felicidad: EL RESPETO A UNO MISMO.
LA EFICACIA PERSONAL significa confianza en el funcionamiento de la mente, en la capacidad para pensar y entender, para aprender, elegir y tomar decisiones; confianza en la capacidad para entender los hechos de la realidad que entran en el ámbito de los propios intereses y necesidades; en creer en sí mismo, en la confianza en sí mismo.
EL RESPETO EN UNO MISMO significa el reafirmante en la valía personal, es una actitud positiva hacia el derecho de vivir y de ser feliz; el confort al reafirmar de forma apropiada los pensamientos, deseos y necesidades; es el sentimiento de que la alegría y la satisfacción son derechos innatos naturales.
Más concretamente, podemos decir que la autoestima es:
1 La confianza en nuestra capacidad de pensar, en nuestra capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida.
2 La confianza en nuestro derecho a triunfar y a ser felices; el sentimiento de ser respetables, de ser dignos, y de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.
Por ejemplo, al completa la siguiente oración: Yo (tu nombre), soy _____ creencias, creencias, creencias….
Nuestro sistema de creencias crea nuestra realidad, por ejemplo, si crees que no eres una persona activa , tienes razón. Si crees que te puedes curar de una enfermedad, también tienes razón. Si crees que eres una persona olvidadiza, despistada… también tienes razón. Lo importante es reconocer y cambiar las creencias limitantes.
Hacerse consciente de que la esencia es más que un conjunto de creencias, va más allá de eso. Generalmente hay una justificación para una conducta o hábito indeseado: “es que yo soy así”, si nos damos cuenta, ya no podemos decir esto. Cada quien es quién decida ser, y si no decides quien ser, de esta forma estás tomando esta decisión (no decidir).
Muchas veces basta con solamente hacerse consciente de una creencia limitante para que esta desaparezca, pero lo más difícil es encontrarla.
Todos tenemos nuestros puntos ciegos; son esos puntos que para otras personas resulte fácil ver en nosotros o reconocer en nuestro discurso, pero que sin embargo nosotros no los vemos. Estos puntos nos impiden reconocer nuestras creencias, ya que generalmente están tan arraigadas como escondidas en esos puntos.
La autoestima es una consecuencia, un producto de prácticas que se generan interiormente, no podemos trabajar directamente sobre la autoestima, ni sobre la nuestra ni sobre la de nadie. Debemos dirigirnos a la fuente de la misma, nuestras creencias sanas o limitantes. Las vigentes y las obsoletas. Las que impulsan y sirven y las que nos detienen o paralizan.
La autoestima consiste en saber y valorar que soy la persona que verdaderamente soy.
Tenemos siempre la posibilidad de hacer algo nuevo con lo que ya tenemos. Podemos extender siempre ese marco que encierra nuestro propio mundo tanto como queramos. Ampliar la visión, ensanchar el paisaje. Alejar la línea de nuestro horizonte. Cambiar el cuento que nos contamos o por lo menos cambiar el final, ajustarlo a una nueva realidad.
Para conseguir crear algo nuevo, tenemos que ir más allá de nuestro propio mapa mental, de nuestras creencias limitadoras. Tenemos que osar estar en contacto con nuestra experiencia, con nuestra voz interior. Estar dispuestos a mirarlo todo con una mirada nueva. Con otros ojos. La creatividad es una cualidad que aportas a la actividad que estás haciendo. Es una actitud, una perspectiva interna, una manera de mirar. Como dice Osho: un acto creativo realza la belleza del mundo; deja detrás de él un mundo mejor.
Escrito por: Laura Fernández Torrisi
Etiquetas:PSICOTERAPIA | 0
comentarios
lunes, 26 de noviembre de 2012
ENCENDER EL FUEGO SANADOR EN NUESTRO INTERIOR - Caroline Myss
Me parece interesante la visión intuitiva de la Dra. Caroline Myss, es una forma de ver la enfermedad desde el espíritu. Nos habla de cómo sanar desde nuestras creencias, desde lo simbólico.
Menciona a Carl
Jung, quién decía: ningún problema se resuelve al nivel en el que se originó; para hallar la solución
es preciso alcanzar un nivel superior.
Nos aporta ejercicios para este trabajo personal, así como una oportunidad
de cambiar nuestra forma de observar y entender la enfermedad. De aprender y
poner en práctica nuestra capacidad sanadora. Les dejo las palabras de la
Doctora Myss.
Una cosa
es comprender intelectualmente los pasos que debe dar para curarse, y otra muy
distinta comprender lo que debe hacer emocionalmente. Para encender el fuego
sanador, debe creer algo con todo su corazón. El corazón contiene el agente
catalizador que hace que el resto de la mente y el cuerpo sanen mediante una
reacción en cadena.
El
espejismo más grave de la Nueva Era es que basta con potenciar la conciencia
psíquica para sanar. Créame, la conciencia psíquica por sí misma no es suficiente.
A lo que vemos y percibimos a nuestro alrededor, los hindúes y los budistas
lo llamaban maya, ilusión o espejismo. Depender exclusivamente de nuestra
conciencia psíquica para sanar nuestro cuerpo es tan absurdo como utilizar cocaína,
y provoca una adicción más grave; nos induce a creer que nuestra vida está
cambiando cuando en realidad nos está dejando impotentes. No se haga ilusiones,
sanar requiere una gran fuerza de voluntad.
Para
empezar a combinar el poder de la mente, el cuerpo y el espíritu, y convertirlo
en la voluntad de curarnos, debemos aprender a utilizar los tres tipos de percepción
comentados con anterioridad, para modificar su mentalidad y su vida. El hecho
de interpretar sus pensamientos, actitudes y desafíos dentro de este modelo de
tres tipos de percepción tribal, individual y simbólico le procurará una gran
ventaja a la hora de sanar sus problemas físicos y resolver sus crisis vitales.
Estas formas de enfocar la vida le ofrecen tres perspectivas distintas sobre su
capacidad de sanar y una mayor comprensión de lo que le ocurre a usted y dentro
de usted. Como decía Carl Jung, ningún problema se resuelve al nivel en el que se
originó; para hallar la solución es preciso alcanzar un nivel superior.
Los ocho
chacras básicamente constituyen un puente entre nuestra conciencia personal y
la conciencia impersonal de la dimensión arquetípica. Esta contiene los
patrones arquetípicos, los temas e imágenes reconocidas universalmente que
procuran una visión impersonal de las experiencias humanas, derivadas de lo que
Jung denominaba el inconsciente colectivo. Cuando somos capaces de contemplar
los acontecimientos de forma simbólica en lugar de personalmente, observamos
los arquetipos que operan en nuestro interior, como «el niño herido», el
«salvador», el «héroe», la «madre», el «padre», la «mujer sabia» o el
«hombre salvaje». Los arquetipos no son necesariamente positivos ni negativos, constituyen
unos antiguos patrones de conducta en los que caemos en determinadas circunstancias.
Si consideramos nuestra respuesta a un hecho como el reflejo de un determinado
arquetipo evitaremos interpretar ese hecho personalmente e invertir en él la
energía celular que precisamos para sanar espiritual y físicamente.
Mientras
aprende a utilizar las Tres Columnas de Percepción, tenga presente que no
constituye un sistema de pensamiento «bueno-mejor-perfecto». Cada tipo de poder
tiene algo que ofrecer para ayudarnos a vivir de forma armoniosa y consciente.
El poder tribal, por ejemplo, corresponde principalmente al inundo físico, es la forma más externa de energía. Debemos
abrazar la dimensión física que encarna, al igual que la dimensión espiritual,
no separarlas. El poder tribal le permite analizar los cambios que se producen
en su vida de forma más tangible que el poder individual o el simbólico. Pero
el poder tribal puede, asimismo, limitar su capacidad de curarse si piensa de
forma condicional (por ejemplo: este fármaco funciona, quizá se cure mi
enfermedad). Por ese motivo, es preciso manejar con precaución este nivel de
conciencia. Procure pensar “Este tratamiento curativo dará resultado porque sé
lo que mi cuerpo necesita» Controle los pensamientos tribales negativos que le asalten,
como por ejemplo: «No estoy seguro de que esta terapia funcione»; cuando tenga
estos pensamientos, invoque a su quinto chakra de energía («voluntad» o «elección»)
para decir: «Yo hago las elecciones que necesito», y tenga la certeza de que
esas elecciones le darán buen resultado. Si piensa o cree que una enfermedad sólo
se cura por medio de fármacos, invoque a su voluntad individual y diga: «Todo puede
curarse, y yo puedo alcanzar una curación total.»
La
utilización del poder individual y el poder simbólico le libera de los
prejuicios y las
limitaciones temporales de su medio externo. El poder simbólico le permite ver a
través de los espejismos físicos y reconocer la lección que le ofrece cada
desafío al que se enfrenta. Al ascender al nivel simbólico, donde el tiempo y
el espacio no están sometidos a las limitaciones humanas, podrá contempla! las
cosas desde una perspectiva superior. Ello le permitirá trazar un programa de
acción, utilizando la voluntad individual. Puede utilizar la energía de la
visión simbólica en codos los aspectos de su vida, desde crear un nuevo trabajo
a librarse del pasado y seguir adelante.
El primer
paso para utilizar las Tres Columnas de Percepción consiste en eliminar todas
las creencias negativas sobre la curación. Empiece por trazar un gráfico
con espacio para tres columnas, y escriba los nombres de los tres tipos de poder
en la parte superior de las columnas. Identifique dos o tres de las creencias fundamentales
que usted sostenga, relacionadas con la percepción y el poder tribal e
individual, y anótelas en la columna correspondiente del gráfico. Da lo mismo
que esas creencias sean negativas o positivas. Por ejemplo: «El proceso de
curación es largo, doloroso y difícil» es una creencia negativa que deriva del
poder tribal, por lo que debe anotarla en la columna tribal. La creencia de que
«la curación contiene un mensaje para mí, y yo debo mostrarme receptivo a
cualquier, cambio que sea necesario» nace del poder simbólico, porque crea un
estado anímico receptivo a la objetividad, a contemplar las cosas de forma
arquetípica en lugar de personal. Así pues, anótela en !a columna simbólica.
A
continuación indico diez ejemplos de creencias correspondientes a cada tipo de poder.
La causa de que las creencias tribales sean negativas estriba en que la cultura
tribal es más propensa que las otras dos a aterrarse a creencias negativas, aunque
el poder individual también lo haga una ocasión. A medida que usted madure en
materia de percepción espiritual, podrá reconocer el poder inherente a su interior
(individual) en contraposición a buscar un poder fuera de usted (tribal).
Creencias
tribales sobre la sanación
1. La
enfermedad es un proceso largo y doloroso.
2. Las
enfermedades graves no se curan por completo.
3. Sólo
los medicamentos químicos son eficaces.
4. La
enfermedad es el resultado de un estrés dirigido hacia mí por otras personas.
5. Yo no
he tenido nada que ver en la creación de esta enfermedad.
ó. Mi
enfermedad es un castigo por faltas que he cometido.
7.
Recurrir a la terapia significa reconocer que padezco una enfermedad mental.
8. El
responsable de mi curación es mi médico.
9. La
enfermedad no tiene nada que ver con mis emociones ni con mi estado psíquico.
10. Para
curarme debo pactar con lo Divino.
Creencias
individuales sobre la sanación
El lado
negativo de la mentalidad individual
1. MÍ
enfermedad es el resultado de mi negatividad.
2. Mi
enfermedad contiene un factor kármico.
3. La
medicina alopática niega el poder y la eficacia de la medicina holista.
4. La
meditación y la nutrición me ofrecen el suficiente apoyo para curar mí enfermedad.
5. Mi
enfermedad debe estar enraizada en mi infancia porque ésta fue muy dolorosa.
6. Si me
convierto en un individuo sano y fuerte me quedaré solo. El lado
positivo de la mentalidad individual
7. La
curación constituye un viaje espiritual.
8. Mi
espíritu es más fuerte que mi cuerpo.
9.
Existen ciertas lecciones que debo aprender a medida que avanzo en el proceso
de curación.
10. Para
curarme debo asumir la responsabilidad de dicho proceso.
Creencias
simbólicas sobre la curación
1. Yo
formo parte de un sistema vital universal.
2. Todo
cuanto es vida ayuda a mi vida.
3.
Identificar mis patrones arquetípicos me ayuda a reconocer mi papel en creencias
compartidas universalmente.
4. El
afán de comprender el significado simbólico que encierra la experiencia de una
enfermedad me ayuda a recorrer el camino que debo seguir para sanar.
5. Mi
enfermedad puede ser una forma de recibir tina nueva orientación espiritual.
6. Buscar
razones negativas de por qué he contraído una enfermedad no es útil. Lo
más importante son las elecciones que yo haga hoy.
7. No
existen elecciones erróneas. Cada elección en la que crea constituye un medio
eficaz de curación.
8.
Constantemente recibo orientación hacia el significado y el propósito de la vida.
9. El
tiempo es una ilusión y por tanto no influye en el
proceso de curación.
10. La
edad no influye en el proceso de sanación.
Apliquemos
ahora las Tres Columnas de Percepción a una típica creencia tribal y veamos
cómo podemos transformarla en una percepción simbólica. Empiece por escribir la
siguiente creencia: «La enfermedad es un proceso largo y doloroso» en la
columna tribal. Luego trasládela al nivel simbólico de percepción, donde el
tiempo no constituye un factor y el dolor puede ser un maestro. La percepción
simbólica puede aniquilar el poder de esa creencia tribal al contemplarla de
forma distinta, de modo que escriba en la columna simbólica: «La curación
trasciende el tiempo lineal. Puede producirse en un instante.» Ahora debe
construir un puente de acción para conectar esas dos polaridades. Cree ese
puente en la columna individual escribiendo: «Me comprometo
a centrar mi atención y mi voluntad en mantener mi energía en el momento
invisible de aquí y ahora.» Esto significa que cada vez que caiga en un pensamiento
negativo como « ¿por qué tuvo que ocurrirme esto?», o escuche a alguien expresar
esa creencia, regrese a un mantra interior que le reoriente de inmediato hacia
el pensamiento trascendental de que la creencia puede ser cierna para esa
persona pero no para usted-.
El mantra
puede ser tan sencillo como decir: «Ese pensamiento tribal no posee autoridad
alguna sobre mí. Ale niego a conectar mis circuitos a ese pensamiento. No
malgastaré mi energía en esos pensamientos.»
Cuando
trate de transformar sus creencias tribales e individuales negativas sobre la
curación en unas creencias simbólicas, tenga presente que la clave es mantener
la objetividad. «Mi experiencia de una enfermedad» se convierte en «la experiencia
de una enfermedad». A nivel físico, el aprender algo mediante una enfermedad es
un proceso mucho más arduo que aprenderlo a través de un libro.
Pero a
nivel simbólico, ambas se convierten simplemente en unas experiencias mediante
las cuales aprenderá ciertas cosas. Debe acostumbrarse a contemplar su enfermedad
como contemplaría el hecho de regresar a la escuela. El alcanzar un estado
psíquico objetivo durante siquiera cinco minutos al día es tan valioso que puede
infundir en su cuerpo la energía equivalente a vivir seis meses con auténtica esperanza.
No es
fácil alcanzar cierto desapego. En la cultura occidental, ese término, en ocasiones,
se considera negativo, como si representara una actitud fría y distante que
implica disgusto o resentimiento. Para la curación, es preferible considerar el
desapego como un medio de separarnos de los temores de la mente y contemplar nuestras
circunstancias como una experiencia que atravesamos en lugar de una experiencia
que controla nuestra vida física. Un método eficaz de alcanzar esta posición
espiritual es crear un mantra, una plegaria o un canto que le ayude a asumir una
perspectiva trascendente. Por ejemplo, cierre los ojos y repita una frase como «asciendo
más allá de mis temores en este momento y siempre» o «los miedos ya no poseen
autoridad sobre mi espíritu». Puede recurrir a una figura espiritual que represente
el estado de conciencia que está buscando en ese momento, ya sea Jesús, Buda,
María, Ramana Maharshi oTeresa de Avila. No es necesario que la plegaria o el
mantra sea largo y complicado. De hecho, cuanto más breve, mejor; la brevedad
posee poder porque las plegarias breves son más fáciles de repetir.
Mientras
anota sus creencias positivas y negativas en las columnas correspondientes,
trate de calcular el grado en el que está conectado energéticamente
a cada creencia negativa. Asimismo, calcule la cantidad de energía que desearía
transmitir a cada creencia positiva. Por ejemplo, la creencia negativa «curarse
es un proceso largo, doloroso y complicado» puede poseer cierta autoridad en su
interior, mientras que la creencia positiva «soy capaz de curar cualquier dolencia»
puede ser algo en lo que usted desea creer pero no es capaz de interiorizar del
todo. En ese caso, escriba que desearía dirigir buena parte de su energía hacia
esa creencia. También puede valorar su conexión con cada creencia escribiendo
«activa» o «inactiva» junto a ella. Esfuércese en distinguir cuando una creencia
representa para usted una mera idea intelectual y cuando posee autoridad en su
interior. Como ya he dicho, las ideas intelectuales no poseen ningún poder curativo.
Este
ejercicio no puede completarse ni en un día ni en una semana. No se desanime
si comprueba que, al principio, sólo es capaz de enumerar unas pocas creencias.
Requiere un gran esfuerzo consciente desenterrar todas las creencias a las que
nos aferramos. Los pensamientos y las actitudes aflorarán a lo largo de las situaciones
y conversaciones de su vida cotidiana, mostrándole sus creencias. Las personas
con las que trata habitualmente pondrán de relieve distintas facetas de su personalidad:
algunas potenciarán la faceta optimista, otras activarán sus temores.
Cada
creencia merece ser examinada, por lo que es recomendable que tenga siempre a
mano una libreta donde anotar los pensamientos y recuerdos que desencadena
este proceso. Tenga presente que las creencias negativas, por lo general,
conducen a unos hábitos de conducta negativos. Examine los hábitos de conducta
que le preocupan hasta lograr discernir las creencias en los que se basan.
Por
ejemplo, si comprueba que una enfermedad recurrente es el resultado de una dieta
cargada de productos refinados y azúcar, puede atribuir esta conducta negativa—consumir
esa dieta— a la creencia de que usted no tiene nada que ver en la creación de
su enfermedad.
Si a la
hora de analizar sus creencias tiene la sensación de topar con un muro, hable con
su hermano u otro miembro de su familia sobre los criterios que comparten
y las diferencias que se interponen entre ustedes. Mantenga la conversación
en un tono neutral: se trata sólo cié averigua! más cosas sobre las creencias
conscientes e inconscientes de su tribu. Asimismo, si trabaja en una oficina,
pregunte a un compañero de confianza o a un colega profesional con quien tenga
amistad qué criterios son los que, en opinión de él o ella, le lastran a usted
en su trabajo. Aunque al principio le cueste recurrir a otros para efectuar «un
control sobre su percepción», le resultará muy útil a la hora de organizar sus
ideas sobre los problemas que su plantean en un proceso de sanación. Por
ejemplo, que crea que no ha contribuido tanto como sus colegas a un determinado
proyecto de trabajo. ¿Es una valoración justa, o cree esto porque siempre se ha
contemplado a sí mismo a través de un prisma de incompetencia? Pregunte a algún
colega con quien tenga confianza si piensa lo mismo sobre sí mismo, o sobre
usted. Si cree tener la culpa de todos los fallos que se producen en el
trabajo, averigüe si sus colegas opinan igual que usted o si se culpa a sí
mismo debido a una falca de autoestima.
Si cuenta
con un maestro espiritual o pertenece a una institución, religiosa, hable con
su sacerdote, ministro, rabino, lama o director espiritual y pídale que le ayude
a explorar cualquier pregunta que le preocupe, como, por ejemplo, «¿acaso no he
logrado establecer una conexión con lo Divino porque no he seguido una práctica
espiritual continua o clásica?». Otra pregunta muy útil es « ¿la bondad para los
demás puede considerarse una práctica espiritual?». Mas preguntas, y los
diálogos que propicia el hecho de unirse a los demás y a sus criterios, le proporcionarán
un gran consuelo y ayuda a la hora de crearse una orientación mas positiva.
El paso
siguiente en las Tres Columnas de Percepción consiste en examinar su
relación con los demás. El propósito de este paso es ayudarle a evaluar cuánta energía
sigue invirtiendo en su pasado, restándola a su vida presente y a su salud.
Al igual
que calculó la cantidad de poder que asigna a sus creencias, trate de calcular
la energía que «malgasta» en sus relaciones. Una vez que haya tomado conciencia
de lo que le perjudican ciertas relaciones, dejará de hacer esas malas inversiones.
Recuerde que la curación es una tarea «costosa» desde el punto de vista
energético, y que debe hacer acopio de toda su energía vital para centrarla en su
presente inmediato, en su «cuenta corriente de gracia» actual. Para ganar, para
curarse, es preciso que usted esté presente.
Redacte
una lista de las relaciones en su vida que cree que son incompletas,
incluyendo
el nombre de la persona y el motivo. Incluya también las relaciones pasadas,
con sus padres o hermanos, amigos o colegas profesionales, a medida que se le
ocurran. Por ejemplo, si cree que su padre o su madre o ambos nunca le han
aceptado tal como es usted, inclúyalos en la lista. Puede darse el caso de que su
padre o su madre muriera siendo usted un niño, y esto le produjera una sensación
de abandono que aún no ha logrado resolver. O quizá crea que perjudicó de
alguna forma a uno de sus padres o a ambos, y todavía experimenta un profundo sentimiento
de culpa. Si piensa que la asignatura que tiene pendiente con su padre o su madre
consume una elevada proporción de su energía, anótelo. Utilice una frase como
«gran pérdida de energía» o «pequeña pérdida de energía» para diferenciar las
relaciones.
Debe
prestar el mismo grado de atención a todas las relaciones que siguen aportando
una influencia negativa a su vida: colegas cíe trabajo, compañeros sentimentales,
amigos que le han tallado. Compruebe cuánta energía negativa genera
hacia las personas que envidia o teme. Asimismo, trate de identificar la clase de
sentimientos negativos que asocia con cada una de esas relaciones y el motivo por
el cual sigue transmitiendo su energía liada éstas. Por último, si ciertos
lugares físicos suscitan en usted recuerdos negativos, ya se trate de una
ciudad, un país, la escuela a la que asistió o la casa o el barrio donde vivió
antes, siga el mismo proceso para evaluar su energía.
Por lo
general, la mayoría de nuestros recuerdos negativos corresponde a la columna
tribal. Una gran parte del dolor que recibimos y generamos es fruto de problemas
que padecimos en la infancia, en nuestras relaciones y nuestro trabajo. Tenemos
problemas con el dinero, el poder, la sexualidad y la autoestima. Aunque nuestro
viaje vital es esencialmente espiritual, descubrimos nuestro espíritu a través de
experiencias en el mundo físico. Cuanto más fuerte y más consciente sea su espíritu,
más fácil le resultará transmitir esa energía positiva ala región maten al: el mundo
que le rodea, sus relaciones, su familia y su profesión.
Por
último, aplique las Tres Columnas de Percepción a sus patrones de conducta,
utilizando el mismo método. Una forma de razonamiento simbólico es identificar
los patrones arquetípicos que se hallan activos en usted, como el «niño herido»
o el «salvador*. Utilizar un enfoque arquetípico le permitirá reconocer sus patrones
de conducta desde una postura más objetiva y compasiva. Anote algunos de los
temas que le preocupan referentes al dinero, el sexo y el poder. ¿Le resulta difícil
ahorrar dinero? ¿Utiliza el sexo para evitar comprometerse en una relación sentimental?
¿Teme ejercer su poder porque su padre era una persona dominante, o lo utiliza
de forma abusiva por el mismo motivo? Observe de nuevo que la mayoría de esos
patrones de conducta corresponden ala columna tribal, incluso problemas como no
ser capaz de perdonar a alguien. Supongamos que tiene usted ese problema:
aunque el perdón es una cuestión que atañe al corazón (cuarto chakra), el motivo
por el que no puede perdonar probablemente está relacionado con un problema
tribal como el sentirse traicionado o violado de alguna forma (primer chakra).
Ahora
céntrese en las entradas que ha apuntado en la columna tribal. Describa cuál cree
que es el significado simbólico de cada creencia, relación o conducta negativa
que se haya en esa columna. Por ejemplo, la creencia «siempre ayudo a otros que
no aprecian lo que hago por ellos», interpretada simbólicamente, representa su
oportunidad de comprender el arquetipo del «salvador» que lleva dentro, la
necesidad de entregarse heroicamente con el fin de salvar a alguien. Al igual que
muchos arquetipos, el de «salvador» puede ser un papel positivo, pero, por regla
general, sólo conduce a una conducta autodestructiva que se hace pasar por altruismo.
En cierta época de la historia de la humanidad, el salvador era un auténtico
héroe, aunque las misiones de salvamento solían realizarse por el bien de la
tribu y a costa del salvador.
Después
de identificar el significado simbólico, pregúntese: « ¿Qué puedo hacer
para rectificar esta conducta e infundir de nuevo poder y fuerza a mi organismo?»
A continuación anote la respuesta en la columna del poder individual.
Por
ejemplo, «antes de ofrecer ayuda a alguien, analizaré mis motivos. Si mis motivos
son salvar o consolar a alguien, trataré de identificar la razón por la cual necesito
comportarme de ese modo.» Puede preguntarse: « ¿Esa persona me ha pedido ayuda,
o se la he ofrecido yo prematuramente debido a mí necesidad de que los demás me
necesiten?» Entre parejas, este tipo de «altruismo» puede consistir en un
compañero que «salva» al otro, por ejemplo, un alcohólico, de tal forma que permite
que éste siga bebiendo. O bien, si su compañero le refiere un problema que tiene
en el trabajo, quizás el otro le ofrezca la manera de «solventar» el problema, cuando
lo único que su compañero pretende es que le escuche con comprensión.
Quizá su
compañero desee resolver él mismo el problema, y los intentos del otro por «salvarle»
impiden que lo haga.
Al
utilizar estas tres formas de contemplar sus creencias y conductas, aprenderá
a solventar sus problemas e influir de modo positivo en las situaciones. Cuando
busca el significado simbólico de un determinado asunto, contribuye a desconectar
su energía del temor y conectarla a ese asunto. La percepción simbólica le
permite crear unas opciones que, de otra forma, habría tenido que concebir
dentro de las limitaciones de la percepción tribal. El hecho de introducir la percepción
simbólica en los dominios tribales, o en el mundo cotidiano en el que usted se
halla, le ayudará a reorganizar su medio físico con el fin de conectar el poder
de su cuerpo con su espíritu. Por ejemplo, si cree que está siendo castigado por
alguna falta que cometió, sustituya esa creencia por la siguiente percepción simbólica:
«Cada enfermedad me ofrece la oportunidad de aprender algo sobre mí mismo.»
Así, su
poder individual se convertirá en el medio por el cual usted creará un patrón de
conducta lo suficientemente potente para activar, en el interior de su cuerpo
físico, la energía que vibra a nivel simbólico.
Puede
utilizar estas tres formas de percepción y poder en todas las facetas de su vida
para resolver problemas y relaciones conflictivas, para apreciar lo
positivo que hay en su vida y, por supuesto, para potenciar su proceso de
curación. La columna tribal es la columna de los problemas; la columna
individual es la columna activista. Nuestra voluntad y muestras acciones
individuales nos alejan del caos del pensamiento tribal y nos orientan hacia el
mundo y, a través del mundo, hacia nuestro espíritu y nuestra curación. Por
esto es imprescindible que modifiquemos nuestras creencias y patrones de
conducta negativos a fin de avanzar en el proceso de curación.
Reconozco
que es un proceso complejo, de modo que examinemos otro ejemplo
para asegurarnos de que usted lo ha comprendido. En primer lugar, anote una
creencia, relación o conducta negativa en la columna tribal. Un lamentable ejemplo
de creencia tribal es la de que ciertas razas, nacionalidades o religiones son
inferiores, lodos caemos en este tipo de creencias, pero esas creencias sólo
existen a nivel externo o físico y no poseen ningún significado simbólico.
A
continuación, pase a la columna simbólica y cree el medio de contemplar esa creencia,
relación o conducta de forma que potencie su poder personal.
Una forma
de pensamiento simbólico es contemplar el problema en términos de un
principio universal. En el caso de una creencia racista o nacionalista, el principio
puede ser algo tan sencillo como «todo es uno». Ahora describa en la columna
individual un tipo de conducta que le ayude a realizar el cambio de percepción
tribal a percepción simbólica. Si pretende llevar a cabo una curación física o
psíquica, puede escribir que necesita acudir a un grupo de apoyo o a un terapeuta,
o cree una nueva disciplina interior como mantener un diario en el que anote
todas las cosas por las que se siente agradecido cada día de su vida. El propósito,
en este caso, es construir un puente entre la columna tribal y la columna simbólica
por medio de una acción personal mediante la cual pueda asimilar en su organismo
la energía positiva que emana del nivel simbólico de razonamiento. Para volver
al ejemplo de las creencias racistas y nacionalistas, mi consejo es que modifique
su vocabulario: ésta es la acción positiva que le permitirá tomar conciencia de
su perspectiva y modificarla. Observe cuando dice «nosotros» en Jugar de «yo» en
determinadas situaciones, tome conciencia de su postura defensiva hacia otros, cuestione
su identificación con su nación o grupo étnico. Empiece por pensar en usted
mismo, y por referirse a usted mismo como un ser global en lugar de étnico.
¿La tasa
de desempleo es un problema menos grave en Japón que en Estados Unidos?
¿El conflicto étnico representa un problema tan sólo en las naciones de África
y en los Balcanes?
Una vez
que haya aprendido a utilizar las Tres Columnas de Percepción, emplee este
método de forma periódica para potenciar su curación. Es una herramienta
poderosa, pero no la única. A continuación, indico otros métodos útiles destinados
a propiciar su fuego sanador, un poder que, una vez encendido, no tiene límites.
Utilice cualquiera de estos métodos o todos ellos junto a las Tres Columnas de
Percepción a fin de maximizar su capacidad sanadora.
LEÑA PARA
EL FUEGO
Aprenda a
decir no
El favor
más importante que usted puede hacerse en una situación crítica es aprender
a administrar su tiempo. Usted es su primera prioridad. Para ella lo primero que
debe hacer es aprender a decir no. Deje de pensar que va a perderse la gran oportunidad
de su vida si no acude a algo, tanto si se trata del estreno de una película
muy galardonada, la boda de un pariente o una reunión de negocios.
Recuerde
que sólo está presente ahora, no sabe lo que ocurrirá mañana. Las preguntas
son, esencialmente, las mismas, tanto si está sano como si trata de sanar: «
¿Deseo invertir mi tiempo en esto? ¿Estoy malgastando el valioso bien del
tiempo porque temo perderme una oportunidad importante?»
Cuando se enfrente a una crisis vital, hágase
estas preguntas:
1.
¿Quiénes son las personas más importantes en mi vida?
2. ¿Estoy
invirtiendo mi tiempo en las personas y las cosas más importantes para mí,
tanto para sanar como para vivir una existencia plena?
3. Si no
es así, ¿qué puedo hacer para modificar la situación?
Aunque
estas preguntas de evaluación puedan parecerle más cruciales en una época de
transición —cuando se enfrenta a una crisis de salud o a una crisis espiritual—
debe formulárselas periódicamente durante toda su vida. Al igual que debe
conservar su energía y utilizarla con prudencia, debe aprender a administrar su
tiempo. Quizá deba reducir el tiempo que pasa en compañía de personas cuya orientación
o conducta no encajan con la necesidad que usted tiene de sanar. No pretendo
decir que, si trata de curarse de un cáncer o una historia de incesto, deba pasar
todo el tiempo en compañía de otras víctimas de cáncer o de incesto. Pero si existen
ciertas personas en su vida —amigos, parientes, compañeros de trabajo— que se
expresan y se comportan de forma negativa, que no respetan su cuerpo o que le
animan a comportarse de un modo que no favorece su curación, pregúntese si le
conviene estar con ellas. El mero hecho de que alguien desee ser su amigo no es
motivo suficiente para que usted dedique tiempo a esa persona en estos momentos
de su vida.
Tampoco
pretendo decir que deba «hacer algo útil» en todo momento, máxime si el
«hacer algo» empieza a asumir la forma de una obsesión con la actividad y el rendimiento.
Administrar su tiempo significa concederse unos espacios vacíos para usted
mismo, para no «hacer» nada más que dejar que afloren ala superficie nuevas ideas
y sentimientos. Esta «inactividad» es el mismo principio en eí que se basa la meditación,
pero puede utilizarla para desembarazarse de tareas y preocupaciones a lo
largo de toda su jornada, dedicando unos minutos a sí mismo. En este senado, una
enfermedad, un trauma o una crisis vital pueden representar una oportunidad para
que usted explore su vida a un ritmo más pausado. Decir no a hacer algo puede significar
decir no a ocuparse en algo o simplemente para hacer algo. Este principio constituye
un contrapeso muy útil para la segunda forma de propiciar su fuego sanador.
Dra. Caroline Myss
La medicina de la
energía
Etiquetas:SALUD Y EMOCIONES | 0
comentarios
Suscribirse a:
Entradas
(Atom)







.jpg)
.jpg)
.jpg)








.jpg)